La comunicación entre padres e hijos no consiste simplemente en hablar mucho. Lo verdaderamente importante es conseguir que ambas partes puedan expresarse, sentirse escuchadas y afrontar los desacuerdos sin que cada conversación termine en reproches, silencios o discusiones.
En Clínica Logos trabajamos con niños, adolescentes y familias que atraviesan dificultades emocionales, de conducta o de convivencia. Y algo que conviene tener claro desde el principio es que una mala racha en la comunicación no significa necesariamente que exista un problema grave. Las relaciones familiares cambian, especialmente a medida que los hijos crecen.
La clave está en observar cómo nos comunicamos, identificar qué está bloqueando el diálogo y empezar a introducir pequeños cambios.
¿Por qué es importante una buena comunicación entre padres e hijos?
Una comunicación abierta ayuda a crear un entorno en el que los hijos pueden expresar lo que piensan y sienten. Además, permite a los padres conocer mejor qué les preocupa, qué necesitan y cómo están viviendo las diferentes etapas de su desarrollo.
Los hijos también aprenden a comunicarse observando a los adultos. La manera en la que escuchamos, reaccionamos ante un error o gestionamos un enfado les proporciona un modelo que pueden trasladar a otras relaciones.
Por eso, comunicarse bien no significa estar siempre de acuerdo. Podemos escuchar lo que nuestro hijo siente y, al mismo tiempo, mantener una norma o mostrar nuestro desacuerdo con una determinada conducta.
Confianza, vínculo y convivencia familiar
La confianza se construye en muchas conversaciones pequeñas. Si cada vez que un hijo cuenta un problema recibe inmediatamente una crítica, un sermón o un «ya te lo dije», es posible que la próxima vez se lo piense antes de hablar.
Escuchar primero y responder después puede cambiar por completo el tono de esas conversaciones.
¿Por qué padres e hijos dejan de entenderse?
Una frase frecuente es: «Mi hijo antes me lo contaba todo y ahora no me cuenta nada».
Esto puede ocurrir por muchos motivos. La edad es uno de ellos. Un niño y un adolescente tienen necesidades diferentes y no podemos esperar que se comuniquen de la misma manera.
Especialmente durante la adolescencia aparece una mayor necesidad de intimidad, independencia y autonomía. Eso no significa necesariamente que el vínculo con los padres se haya roto.
También existen hábitos cotidianos que pueden bloquear la comunicación:
- hacer demasiadas preguntas seguidas;
- hablar solamente cuando existe un problema;
- interrumpir para ofrecer una solución;
- minimizar lo que sienten;
- utilizar etiquetas;
- recuperar errores antiguos durante una discusión;
- elegir momentos en los que alguno está demasiado enfadado para escuchar.
En nuestro trabajo con adolescentes damos importancia a la escucha activa, el respeto y a que puedan expresarse sin sentirse juzgados o etiquetados. Clínica Logos también ofrece orientación a padres cuando es necesario mejorar la convivencia y la comunicación familiar.
Cómo mejorar la comunicación con los hijos
No existe una frase mágica que consiga que un hijo empiece a contar todo lo que le ocurre. Sí podemos crear unas condiciones que hagan más fácil el diálogo.
Escucha antes de responder
Cuando nuestro hijo nos cuenta algo, resulta tentador interrumpir para aconsejar, corregir o solucionar el problema.
Sin embargo, muchas veces necesita terminar de explicar qué ha pasado.
Podemos utilizar preguntas abiertas como:
- «¿Cómo te has sentido?»
- «¿Qué pasó después?»
- «¿Qué es lo que más te preocupa?»
- «¿Quieres que pensemos juntos qué puedes hacer?»
También es importante cuidar la comunicación no verbal. Si decimos «te estoy escuchando» mientras miramos continuamente el móvil, probablemente el mensaje que transmitimos sea el contrario.
Elige bien el momento
No todas las conversaciones importantes tienen que producirse inmediatamente.
Si nuestro hijo acaba de llegar enfadado o nosotros estamos muy alterados, quizá sea mejor dejar pasar unos minutos y retomar después el tema.
Posponer una conversación para hablar con más calma no es ignorar el problema.
Qué decir y qué evitar al hablar con tus hijos
Cambiar pequeñas expresiones puede reducir considerablemente el tono de confrontación.
| En lugar de decir… | Podemos probar con… |
| «Nunca me cuentas nada» | «Cuando quieras hablar de esto, estoy aquí para escucharte» |
| «Siempre haces lo mismo» | «Quiero que hablemos de lo que ha ocurrido hoy» |
| «No tienes motivos para ponerte así» | «Veo que esto te ha afectado» |
| «Eres un irresponsable» | «Esto que ha ocurrido tenemos que solucionarlo» |
| «Porque lo digo yo» | «Entiendo que no te guste, pero este límite se mantiene por…» |
La diferencia está en hablar de una conducta concreta sin convertirla en una etiqueta sobre la persona.
Comunicación con niños y adolescentes: no podemos hablarles igual
La forma de comunicarnos debe adaptarse a la edad y al desarrollo.
Con los niños suele ser útil emplear explicaciones claras, concretas y ajustadas a lo que pueden comprender. También podemos ayudarles a identificar emociones: «parece que te has enfadado porque querías seguir jugando».
En Clínica Logos nuestro trabajo de psicología infantil en Fuenlabrada utiliza herramientas adaptadas a las diferentes etapas del desarrollo e incluye orientación a los padres cuando resulta necesaria.
¿Y con un adolescente que no quiere hablar?
Con los adolescentes tenemos que aceptar que no siempre elegirán el momento que nosotros queremos.
Insistir continuamente con «¿qué te pasa?», «¿seguro que no te pasa nada?» o «cuéntamelo ahora» puede provocar todavía más rechazo.
Podemos dejar abierta la puerta:
«Veo que ahora no quieres hablar. Si luego te apetece, podemos hacerlo.»
Respetar cierta intimidad no significa desentenderse. Si además del aislamiento observamos cambios importantes y persistentes en su estado de ánimo, comportamiento, relaciones o funcionamiento cotidiano, conviene prestar atención.
Clínica Logos dispone de un servicio específico de psicología para adolescentes en Fuenlabrada para dificultades emocionales, familiares, académicas y sociales.
Cómo poner límites y gestionar las discusiones
Una buena comunicación no significa permitirlo todo.
Un hijo puede estar enfadado porque le hemos puesto un límite y ese enfado puede ser comprensible, sin que tengamos que retirar automáticamente la norma.
Podemos validar la emoción y mantener nuestra posición:
«Entiendo que estés enfadado porque quieres salir más tiempo, pero hoy hemos acordado que vuelvas a esta hora».
También conviene evitar amenazas que después no vamos a cumplir. Cuanto más claro, previsible y coherente sea el límite, menos espacio dejamos a negociaciones interminables.
¿Qué hacer después de una discusión?
Cuando ya hemos perdido los nervios, lo importante es cómo reparamos la situación.
Podemos retomar la conversación más tarde, reconocer nuestra parte si hemos gritado o utilizado una expresión injusta y volver al problema concreto.
Pedir disculpas por nuestra forma de reaccionar no significa renunciar al papel de padres.
¿Cuándo los problemas de comunicación necesitan ayuda profesional?
Todas las familias discuten alguna vez. El problema aparece cuando las discusiones se convierten en el funcionamiento habitual y nadie encuentra la manera de salir de ese patrón.
Conviene valorar ayuda profesional cuando existen, entre otras situaciones:
- discusiones repetitivas que nunca se resuelven;
- silencios prolongados o distanciamiento;
- falta constante de entendimiento entre padres e hijos;
- dificultades importantes para establecer normas y límites;
- aislamiento o cambios relevantes en el comportamiento;
- una convivencia familiar cada vez más deteriorada.
En Clínica Logos abordamos estos problemas también desde una perspectiva familiar, observando las dinámicas de relación y adaptando el proceso a las necesidades de cada familia.
Si estas dificultades se mantienen en el tiempo, puedes consultar nuestro servicio de terapia de familia en Fuenlabrada o contactar con Clínica Logos para valorar vuestro caso.
Preguntas frecuentes sobre comunicación entre padres e hijos
¿Cómo conseguir que mi hijo confíe en mí?
La confianza se construye con disponibilidad, escucha y coherencia. Intenta que las conversaciones no aparezcan únicamente cuando tienes que corregir algo.
¿Qué hago si mi hijo adolescente no me cuenta nada?
Evita presionarle continuamente. Mantén abierta la posibilidad de hablar y observa si el silencio forma parte de su necesidad de intimidad o aparece acompañado de otros cambios significativos.
¿Escuchar significa dejar que haga lo que quiera?
No. Podemos comprender una emoción y mantener al mismo tiempo normas y límites.
¿Cuándo acudir a un psicólogo familiar?
Cuando los conflictos, silencios o problemas de convivencia son persistentes y la familia no consigue modificar la dinámica por sí misma, una valoración profesional puede ayudar a comprender qué está ocurriendo y plantear nuevas estrategias.
